La frase más larga que jamás te han dicho
No paro de correr inquieto los caminos que la sombra de tus brazos graban ardorosamente en los pliegues de mi cerebro ínfimo y triste, adormecido y aturdido, rosado, amordazado, calmo y quieto, suspendido de las cuerdas que convierten nuestra ciudad en la marioneta de un ser altivo y autoritario, u
n tirano despótico, un dictador intolerante, el opresor que percute tus persianas cuando truena y el que sella tus párpados cuando llueve en el interior de tus pupilas fluorescentes incapaces de soportar los galones de ese líquido afligido nacido del estruendo que obliga a tu mirada a romperse en mil pedazos, los mismos mil recuerdos que aún te quedan y que mientras van desapareciendo van borrando tu pasado transformándolo en un mera recopilación de números, letras, datos, fechas e imágenes que independientes no valen ni el suspiro que ya vas necesitando al leer este grito ahogado de un ser humano sumido en un marasmo perpetuo en este laberinto inmenso, con pasillos inmensos y muros inmensos, adornado con salidas diminutas, indescifrables, impenetrables, impasiblemente imposibles, salidas que son incógnitas para el interrogante de saber si correr inquieto por los caminos que la sombra de tus brazos graban ardorosamente en los pliegues de mi cerebro ínfimo y triste, adormecido y aturdido, rosado, amordazado, calmo y quieto, es la única salida a tu mirada inalterable que me obliga a habitar infinitamente en la frase más larga que jamás te han dicho, en el enunciado más extenso que jamás diré, en el transcurso de esta existencia que egoístamente sólo es mía haciendo esfuerzos por no olvidar que mi vida será la más larga que podré tener por el ínsignificante hecho de que será la única que habré tenido.
Xenón (XE)
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