Huecos
DIA 1
Primera imagen; el húmedo hueco vacío que hay a mi lado, en la cama.
Me levanto con una sensación de náusea continua y arrastro mis pies al cuarto de baño.
Allí están, odiosos, en su frío pedestal de mármol; una pareja de cepillos de dientes. Me mareo. Arcadas. Me reincorporo y desisto, vuelvo a la cama.
DIA 2
Un atardecer de luz anaranjada colándose por la ventana. El reflejo de un portarretratos.
Una foto turbia, lejana.
Me ahogo. La habitación se me viene encima. Me acurruco hecha un ovillo en el suelo y cierro fuerte los ojos. Algo me aprieta el estómago.
DIA 3
Un espejo.
¿Ésta soy yo? ¿Cuanto tiempo hace que no me miro? Total, para lo que hay que ver…mis ojos: oscuros, vacíos…los tuyos eran claros, cálidos, felinos…tus ojos…
DIA 4
Hoy decido intentar tragar algo.
Abro la despensa. Café. Preparo la cafetera.
Un detestable aroma me trae veloces desayunos al comienzo del día, siempre con un beso y un susurro.
Pruebo el café.
Un “te quiero” se instala en mi oído…tu voz…como cada mañana antes de irte…con aquel beso.
DIA 5
Me despierta el reflejo del televisor encendido.
Son las cinco y veintitrés de la madrugada.
Me arrastro, como es costumbre ya en mi, de vuelta a nuestra cama…aún mantiene tu olor…
DIA 6
Me despierta el tráfico.
¿Qué hora será?
El sol brilla…seguro que hoy hace un día precioso…para mi es el ayer de antesdeayer…gris, como el resto…
Las cortinas bailan con una corriente de aire.
Huele a mar.
Me atrapa el sabor de tu piel, tu risa.
Una certeza me retuerce el corazón.
No estás.
DIA 7
Oscurece.
Salgo del coche.
Hace frío, aunque llevo bastante abrigo.
Nos encantaba este sitio.
Me pierdo en la inmensidad verde que tanta paz nos daba.
Suspiro.
El viento entre los árboles.
Te veo. No he parado de hacerlo; en cada sitio, de todas las formas.
Miedo.
Me da miedo despedirme y que te vayas.
DIA 8
Abro los ojos.
Puedo respirar.
Me da vértigo no sentir mareo.
Desayuno.
Me atrevo a guardarlo todo. No quiero seguir tropezándome contigo para castigarme.
Miro hacia a la ventana, ya es de noche fuera.
La ultima caja.
Varios montones apilados.
Sin pensar. Sin mirar los detalles. Sin grabar las texturas.
Hueco.
Se oye el latido del vacío, el eco.
Ahora te digo adiós… por más que yo no viva, tú no volverás.
Un dolor seco me atraviesa el pecho, pero al menos ya no me ahoga.
Radón (RN)
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