Hoy hemos conocido a Paquita. Estaba sentada en una mesa  junto a nosotras. Bebía un refresco. Se había acalorado mientras iba a comprar un mando nuevo para su televisor, de repente dejó de funcionar y ella no se apaña con los botoncitos de la tele. En la tienda le dijeron que seguramente habría sido por un golpe, cosa que ella no se explica porque vive sola y está segura de que no se le ha caído, así que no se ha quedado muy satisfecha. Tiene otro mando para la tele de su dormitorio, pero éste es fucsia y más pequeño, aunque le funciona se lo llevó a los de la tienda, por si acaso. Lleva más de cincuenta años enamorada de su marido. Se casaron cuando ella tenía diecisiete y todavía recuerda un poema que le escribió al poco de conocerse, algo sobre “una tarde de Otoño, de hojas plateadas y una rosa puesta en el pelo..”. Lo sigue queriendo después de tanto tiempo, incluso después de muerto. No le importa la distancia aun siendo infinita. Paquita me gusta.

Tiene los ojos azules y vive con su perro. Le compra gomas de colores para hacerle peinados, dice que a ella le gusta arreglarlo y a  él  verse distinto. Durante toda su vida a vivido en sitios diferentes y ahora se ha venido aquí para estar más cerca de su hija pero echa mucho de menos a su marido que era militar y a pesar de ser muy serio le cantaba tangos.

Vive en un piso de alquiler, en frente del nuestro, su casero no se lo ha querido vender pero casi mejor, así se ahorra tener que acudir a las reuniones de la comunidad y cosas parecidas. Le gusta esta zona porque la gente es de “clase media alta”. Paquita es muy graciosa.

 

 

Helio (He)